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Gemelos digitales energía y ciudades

Gemelos digitales en España: energía y ciudades que aprenden

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Por Redacción TechNoticias • 23 septiembre 2025 • 10 min

Los gemelos digitales han pasado de ser demos espectaculares a convertirse en aliados cotidianos de operadores de red, ayuntamientos y empresas de servicios. En España, la confluencia de contadores inteligentes, sensores IoT, 5G y analítica de datos permite crear réplicas vivas de infraestructuras: redes eléctricas, estaciones depuradoras, edificios, barrios enteros. El valor no es el 3D —aunque ayuda— sino la capacidad de simular, prever y orquestar acciones en el mundo físico con menos coste y más seguridad.

Empecemos por la energía. Distribuidoras españolas gestionan ya gemelos digitales de tramos de red de media y baja tensión que integran datos en tiempo real (medidores, SCADA) y modelos de carga. Con la electrificación del transporte y la proliferación de autoconsumo, la red se vuelve bidireccional y variable. El gemelo digital prueba escenarios: ¿qué ocurre si añadimos 200 puntos de recarga en un barrio?, ¿dónde compensa más reforzar línea o instalar almacenamiento?, ¿qué maniobra reduce pérdidas y evita sobrecargas en hora punta? Las decisiones se toman antes de tocar un cable y con métricas claras de impacto.

En generación renovable, los gemelos digitales permiten ajustar el mantenimiento predictivo. Sensores en turbinas eólicas y paneles solares alimentan modelos que detectan desviaciones sutiles: vibraciones anómalas, calentamientos, sombras. La combinación con pronósticos meteorológicos locales optimiza la operación y reduce paradas. España, con su diversidad climática, es laboratorio perfecto para refinar estos modelos y exportar conocimiento.

Las ciudades aprenden con datos. Un gemelo urbano integra tráfico, transporte público, calidad del aire, ruido, alumbrado, residuos y consumo energético de edificios. Los ayuntamientos pueden simular el efecto de peatonalizar una calle, ajustar semáforos para reducir emisiones o planificar rutas de recogida de basura que ahorren combustible. El 5G y el edge computing hacen posible reaccionar en minutos, no en días, y abrir APIs para que startups construyan soluciones encima.

Pero hay trampas a evitar. Sin gobierno de datos riguroso, el gemelo se convierte en un rompecabezas incoherente. Estándares de interoperabilidad (formatos abiertos, ontologías urbanas), catálogos con metadatos y políticas de acceso evitan silos y guerras de versiones. La privacidad es innegociable: anonimización, agregación y controles de acceso minimizan exposición, sobre todo cuando se integran datos de movilidad o consumo.

La arquitectura técnica suele combinar capas: 1) adquisición de datos (sensores, APIs), 2) plataforma de integración con streaming y almacenamiento histórico, 3) modelos de simulación e IA (predicción de demanda, detección de anomalías), 4) visualización y mando, y 5) capa de ejecución con órdenes hacia sistemas físicos (SCADA, BMS). Diseñar “en bucle cerrado” —del dato a la acción, y vuelta al dato— es lo que convierte al gemelo en herramienta operativa y no en escaparate.

Los contratos importan tanto como el código. Para evitar dependencias, ayuntamientos y empresas están exigiendo que el modelo de datos sea portable y que la capa de integración use componentes estándar. Las licitaciones bien planteadas premian evidencias de interoperabilidad y reversibilidad. En IA, se piden tarjetas de modelo y registros de decisión que permitan auditoría. El resultado: ecosistemas competitivos donde múltiples proveedores aportan piezas sin capturar al cliente.

Casos reales en España muestran beneficios tangibles. En redes de agua, gemelos digitales que combinan sensores de presión y caudal con algoritmos de fuga reducen pérdidas no registradas y ahorran millones de litros. En edificios públicos, la optimización energética basada en modelos térmicos y ocupación reduce la factura y las emisiones. En movilidad, ajustar frecuencias de autobús con modelos de demanda mejora puntualidad y experiencia del usuario.

El papel del ciudadano es clave. Los gemelos no deben ser cajas negras. Portales abiertos que muestren indicadores, decisiones y resultados fomentan confianza y participación. Los datos en abierto, cuando es posible, alimentan innovación: investigadores y empresas locales prueban ideas con el mismo sustrato que la administración. Además, comunicar en español y cooficiales rompe barreras y aumenta la adopción de servicios digitales.

Mirando adelante, veremos gemelos digitales más “inteligentes” gracias a modelos generativos que asisten en la interpretación y la simulación: describen en lenguaje natural anomalías, proponen acciones y explican compromisos entre coste y servicio. La integración con 5G SA y edge permitirá latencias aún menores en entornos críticos. El reto será gobernanza y ciberseguridad: segmentación, control de identidades y pruebas de resiliencia continuas para que una brecha no se traduzca en un apagón.

Conclusión: España tiene las piezas para liderar gemelos digitales útiles y confiables en energía y ciudad. Si construimos sobre datos interoperables, estándares abiertos y una IA explicable en español, pasaremos de simular a gobernar infraestructuras complejas con transparencia y eficiencia. No es ciencia ficción; ya ocurre en varios rincones del país.